Abyyala

Abya Yala y Turtle Island: mundos vivos antes de la colonización

Mucho antes de que ningún mapa dividiera los territorios con líneas rígidas, antes de que se impusieran nombres y se inventaran fronteras, existían Abya Yala y Turtle Island; y también territorios conocidos como Aotearoa, entre tantos otros nombres ancestrales que siguen vivos en las lenguas y en la memoria de los pueblos originarios.

No eran conceptos abstractos. Eran mundos vivos, habitados por pueblos que concebían la tierra no como un recurso, sino como una relación. Eran redes de vida en las que el territorio, la cultura, la espiritualidad y la organización social no estaban separados.

Abya Yala: tierra viva, nombre vivo

Abya Yala es un término del pueblo guna, originario del Caribe de Panamá y del norte de Colombia, especialmente en el territorio de Guna Yala.

El término puede traducirse como «tierra en plena madurez», «tierra viva» o «tierra en flor». Más que un nombre, es una forma de percibir el mundo: un territorio que no está a disposición de la explotación, sino en continua relación con quienes lo habitan.

Hoy en día, Abya Yala es un término muy utilizado por los movimientos indígenas y descoloniales como alternativa a los nombres coloniales. Utilizarlo no es solo una elección lingüística. Es una elección política y epistemológica.

Turtle Island (Isla de la Tortuga): origen y cosmovisión

Turtle Island, que a menudo se traduce como «Isla de la Tortuga», es un nombre utilizado por varios pueblos indígenas de América del Norte. Se basa en antiguas leyendas de la creación, según las cuales la tierra surge sobre el caparazón de una tortuga.

Esta historia no es un «mito» en el sentido occidental de ficción. Es una forma de conocimiento que organiza las relaciones entre los seres humanos, los animales, el agua, la tierra y el espíritu.

Hay otros nombres que también expresan estas territorialidades vivas, como Anahuac, término en náhuatl utilizado por los pueblos nahuas para referirse a la región central de México; o Pindorama, nombre dado por los pueblos tupíes al territorio que hoy se conoce como Brasil.

Cada nombre encierra una cosmología. Cada palabra revela una relación.

Cronología: una presencia milenaria

hacia el año 20 000 a. C. o antes
Las pruebas arqueológicas indican la presencia humana en las Américas mucho antes de lo que se ha enseñado tradicionalmente. Yacimientos como Monte Verde, en el actual Chile, cuestionan las narrativas lineales sobre la ocupación.

hacia el año 10 000 a. C.
Los pueblos ya se encontraban ampliamente repartidos por diferentes ecosistemas, desarrollando conocimientos específicos de cada territorio.

h. 3.000 a. C. – 1.000 d. C.
Desarrollo de sistemas agrícolas sofisticados. Cultivos como el maíz, la patata y la yuca fueron domesticados y perfeccionados por los pueblos indígenas, lo que ha influido en los sistemas alimentarios mundiales hasta la actualidad.

h. 1000-1500 d. C.
Crecimiento de centros urbanos complejos y redes de intercambio. Ciudades como Tenochtitlán se encontraban entre las más grandes del mundo en el siglo XV.

A partir de 1492
Inicio de la colonización europea. Este proceso trajo consigo no solo la ocupación territorial, sino también epidemias, violencia sistémica e intentos de borrado cultural a gran escala.

Datos que cuestionan los relatos coloniales

Se estima que entre 50 y 100 millones de personas vivían en las Américas antes de 1492. Esta cifra desmiente la idea de que se trataba de «tierras deshabitadas».

En la Amazonía, los hallazgos arqueológicos demuestran que los bosques considerados «vírgenes» han sido, en realidad, moldeados por la actividad humana a lo largo de miles de años, incluida la creación de suelos fértiles como la tierra negra.

Estos datos revelan algo fundamental: los pueblos indígenas no solo habitaban sus territorios; los cultivaban, regeneraban y transformaban de forma sofisticada y sostenible.

Oralidad: memoria viva

Gran parte de lo que sabemos es fragmentario.No porque esos pueblos no tuvieran historia, sino porque muchas de esas historias se transmitían y siguen transmitiéndose a través de la tradición oral.

En muchas culturas indígenas, el conocimiento no se conserva en archivos, sino en prácticas vivas: historias contadas, cantos, ceremonias y relaciones con el territorio.

La oralidad no es la ausencia de escritura. Es un sistema complejo de transmisión del conocimiento, que integra la memoria, la ética, la espiritualidad y la práctica.

Esperar encontrar registros escritos en formato occidental como única forma válida de prueba es, en sí mismo, una limitación colonial. Es una forma de medir otros mundos con una regla que no les pertenece.

Reconocer esto no significa renunciar al rigor. Significa ampliarlo.

Cosmovisión: todo está interrelacionado

En muchas cosmovisiones indígenas, no existe separación entre naturaleza y cultura, lo humano y lo no humano, lo material y lo espiritual.

Todo está interrelacionado.

La tierra no es una propiedad. Es una relación.

Las montañas, los ríos, los bosques y los animales no son recursos. Son parientes.

Esta forma de percibir el mundo orienta las decisiones políticas, las prácticas económicas y los sistemas de conocimiento.

Gobernanza y reciprocidad

Los sistemas de gobierno eran diversos y sofisticados. Confederaciones como la Haudenosaunee se organizaban sobre la base del consenso, la responsabilidad colectiva y el equilibrio entre las diferentes fuerzas.

En muchos contextos, las mujeres desempeñaban papeles fundamentales en la toma de decisiones y en la transmisión de conocimientos.

Las economías no se basaban en la acumulación, sino en la reciprocidad. Las redes de intercambio se sustentaban en la confianza y la responsabilidad mutua.

La abundancia no se medía por la extracción máxima, sino por la capacidad de mantener el equilibrio a lo largo del tiempo.

Conocimiento ecológico y ciencia viva

Prácticas como la gestión del fuego, la agricultura regenerativa, los cultivos mixtos y el uso medicinal de las plantas ponen de manifiesto un alto nivel de conocimientos ecológicos.

Estos sistemas se han desarrollado a lo largo de miles de años, en continua interacción con los territorios.

Hoy en día, muchos de esos conocimientos ocupan un lugar central en los debates sobre la sostenibilidad y la crisis climática.

Presente continuo

Los pueblos indígenasno pertenecen al pasado.

Hoy en día siguen vivos en Abya Yala, la Isla de la Tortuga y territorios como Aotearoa.

Siguen resistiéndose, reinventándose y transmitiendo sus formas de vida.

Sus conocimientos no solo son relevantes. Son esenciales para hacer frente a los retos actuales.

Más allá de la nostalgia

Hablar de esos mundos antes de la colonización no es un ejercicio de nostalgia.

Es reconocer que siempre han existido otras formas de existir.

Y siguen siéndolo.

También es una invitación a escuchar.

No solo con curiosidad, sino con responsabilidad.

Porque esos mundos no han desaparecido.

Siguen hablando.

¿Qué hacer después de leer esto?

Este no es un texto que se limite a leerse. Es una invitación a cambiar la relación.

Para quienes se encuentran en una posición de aliado o no son indígenas:

1. Nombra correctamente los territorios
Abya Yala, Turtle Island (Isla de la Tortuga), Anahuac, Pindorama, Aotearoa. Nombrar es también reconocer.

2. Escucha directamente las voces indígenas
Da prioridad a las creaciones, las expresiones y los conocimientos indígenas sin la mediación constante de interpretaciones externas.

3. No conviertas esto en una metáfora sin sentido
Estas cosmovisiones no son imágenes poéticas de libre uso. Provienen de territorios vivos y de luchas continuas.

4. Apoya de forma concreta
Siempre que sea posible, apoya las iniciativas, organizaciones y movimientos liderados por pueblos indígenas.

¿Y si te reconoces a ti mismo dentro de los sistemas coloniales?

La cuestión no es la culpa, sino la responsabilidad:

  1. ¿Qué parte de lo que aprendiste se te ha olvidado?
  2. ¿Y qué cambia cuando empiezas a escuchar de otra manera?

Esto no acaba aquí

Todo empieza por la forma en que empiezas a ver, a nombrar y a relacionarte con el mundo.

Escuchar es una práctica.

Y las prácticas cambian las estructuras.

OGA
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