
Sanando las cicatrices de la guerra: cómo la biorremediación restaura la tierra y la justicia
En todo el mundo, desde los desiertos de Kuwait saturados de petróleo, las tierras de cultivo de Ucrania marcadas por la bomba, y los paisajes devastados de Gaza, la guerra deja tras de sí un legado tóxico. Si bien los búnkeres y los campos de batalla marcan la historia visible del conflicto, la contaminación invisible del suelo y las aguas subterráneas puede persistir durante generaciones. Para las comunidades que viven en zonas de conflicto, la tierra que sustentó a sus antepasados suele estar contaminada, lo que plantea una multitud de riesgos para la salud y la seguridad alimentaria.
En OGA, creemos que la justicia lingüística y medioambiental están estrechamente relacionadas. Entre enero y marzo de este año, en colaboración con el Instituto de Agroecología de la Universidad de Vermont, colaboramos en un curso pionero sobre biorremediación en zonas de guerra.Nuestra entrenadora fue Leila Darwish, especialista en biorremediación, organizadora comunitaria, permacultora y autora de Reparación de la tierra: una guía práctica para recuperar paisajes contaminados y deteriorados. El curso se diseñó para salvar la brecha entre las soluciones científicas y la acción comunitaria, garantizando que los conocimientos fundamentales no quedaran limitados por las barreras lingüísticas. Para lograrlo, OGA y Language for Justice reunieron un equipo de unos 15 profesionales voluntarios (entre organizadores e intérpretes) que trabajan en francés y árabe, además de en inglés.
Este artículo analiza la ciencia de la biorremediación, la cruda realidad de la contaminación militar, y cómo la educación de base está empoderando a las comunidades para que recuperen su tierra.
La víctima silenciosa de los conflictos modernos
La guerra moderna no solo deja cráteres. También puede dejar una huella tóxica. Investigaciones recientes sobre suelos afectados por acciones militares en la región de Járkov, en Ucrania revelan una contaminación significativa por metales pesados como el cadmio (Cd), el plomo (Pb) y el cromo (Cr). Del mismo modo, estudios sobre emplazamientos contaminados con explosivos demuestran que compuestos químicos como el RDX y el TNT, aunque son esenciales para las operaciones militares, resultan tóxicos tanto para la biología humana como para la microbiología del suelo.
En Kuwait, el legado de la Guerra del Golfo de 1990-1991 sigue siendo muy evidente. Las fuerzas iraquíes en retirada incendiaron más de 700 pozos, que han dado lugar a enormes lagos de petróleo y han contaminado millones de metros cúbicos de suelo. Durante décadas, estos contaminantes han impedido la regeneración natural de los ecosistemas y han dejado las tierras de cultivo inservibles.
La situación no se limita a las guerras del pasado. En Palestina, décadas de ocupación brutal, destrucción de infraestructuras y restricciones al acceso a la tierra y al agua han provocado graves problemas medioambientales. Estudios y evaluaciones de la ONU resaltan la degradación del suelo, la contaminación del agua y el colapso de los sistemas de aguas residuales, particularmente en Gaza, donde las repetidas escaladas han agravado el daño medioambiental y los riesgos para la salud pública.
El problema es la magnitud. Las medidas correctoras convencionales, como excavar y verter tierra contaminada en vertederos o tratarla química o térmicamente, resulta astronómicamente caro. Requiere maquinaria pesada, infraestructura industrial y una enorme cantidad de energía. Aquí es donde la biorremediación ofrece una alternativa radical.
¿Qué es la biorremediación?
La biorremediación es la ciencia y el arte de trabajar con organismos vivos para extraer, descomponer o inmovilizar diversos contaminantes y acelerar la recuperación de los terrenos dañados. Leila Darwish aborda esta práctica como una cuestión de justicia. Su labor de organización se ha centrado en cuestiones de justicia medioambiental con comunidades que se enfrentan a la amenaza o al legado persistente de la contaminación tóxica de sus tierras y del agua potable. Su enfoque en la biorremediación comunitaria se deriva de un profundo compromiso con la justicia y del ferviente deseo de empoderar a las personas, proporcionándoles herramientas sencillas, prácticas y accesibles para la regeneración y la recuperación del planeta.
Leila define esta práctica a través de tres vías biológicas principales:
1. Remediación microbiana: Utilizar microorganismos para descomponer o fijar los contaminantes, así como para restablecer la biología beneficiosa y saludable del suelo.
2. Fitorremediación: Utilizar plantas para extraer metales pesados del suelo y el agua, o para facilitar la descomposición de sustancias químicas en el suelo.
3. Micorremediación: Utilizar hongos para descomponer o fijar los contaminantes presentes en el suelo y el agua.
Son métodos de baja tecnología y bajo coste, adaptables a distintas biorregiones, y pueden ser herramientas útiles para que las comunidades locales hagan frente a la contaminación.
Lecciones aprendidas sobre el terreno: Líbano, República Democrática del Congo, Palestina y otros lugares
La biorremediación no es un concepto teórico, sino una necesidad realen las zonas de guerra actuales y en las regiones afectadas por conflictos prolongados y una creciente militarización. En el Líbano, la contaminación industrial y militar ha afectado a las tierras agrícolas. En la República Democrática del Congo y la República del Congo, el legado de la extracción de recursos y los conflictos armados ha dejado los suelos contaminados con metales pesados. En Palestina, las comunidades se enfrentan a retos constantes en materia de acceso a la tierra y contaminación, lo que pone en peligro la seguridad alimentaria y del agua. Es precisamente en estos contextos donde la biorremediación de base puede ofrecer una vía viable para el futuro.
En Ucrania, la destrucción del dique de Kakhovka. además de los intensos bombardeos sobre las regiones agrícolas, han dejado los suelos contaminados con residuos de combustible, explosivos y metales pesados. En la actualidad, los científicos están probando productos biológicos para recuperar la fertilidad del suelo.
En Kuwait, proyectos a gran escala como el NKETR (Proyecto de Remediación Ambiental del Norte de Kuwait) están utilizando la biorremediación para limpiar la contaminación por hidrocarburos. Mediante la adición de cepas bacterianas específicas y compuestos orgánicos al suelo, los ingenieros están logrando descomponer los hidrocarburos totales de origen petrolífero (TPH) incluso en condiciones desérticas extremas.
Sin embargo, los proyectos a escala industrial son caros. ¿Qué ocurre cuando una comunidad no tiene acceso a un contrato multimillonario?Aquí es donde la filosofía de Leila Darwish se vuelve fundamental.
El enfoque de base: el conocimiento como forma de resistencia
Mediante la incorporación de intérpretes de francés y árabe al proceso de aprendizaje, OGA y Language for Justicese aseguró de que el curso no se limitara a los angloparlantes. Para quienes viven en zonas de conflicto en SWANA (Asia Meridional y el Norte de África), en las regiones francófonas, la jerga técnica en inglés supone una barrera.Con unos 15 profesionales encargándose de moderar las sesiones, los participantes pudieron centrarse en la recuperación de sus tierras, en lugar de tener que lidiar con la traducción.
Al incorporar intérpretes de francés y árabe al proceso de aprendizaje, OGA y Language for Justicegarantizaron que el curso no se limitara a personas angloparlantes. Para quienes viven en zonas de conflicto de la región SWANA (Southwest Asia and North Africa) o en regiones francófonas, la jerga técnica en inglés es una barrera.Con unas 15 personas profesionales facilitando las sesiones, quienes participaban pudieron centrarse en sanar su tierra, sin tener que pelearse con la traducción.
A lo largo del curso, se unieron a nosotros 45 participantes de diversos orígenes. Gracias al generoso apoyo de George McAllister y UVM IFA (Instituto de Agroecología de la Universidad de Vermont), estos conocimientos se ofrecieron de forma totalmente gratuita a todos los participantes. Este apoyo permitió reunir a un grupo diverso de alumnos, entre los que se encontraban agricultores, permacultores, organizadores comunitarios y profesionales del medio ambiente que trabajan en primera línea en ámbitos como la guerra, la seguridad alimentaria, la contaminación del suelo y la justicia medioambiental.
Tendiendo puentes entre la ciencia y el lenguaje
¿Por qué a OGA le interesa la edafología? Porque el lenguaje que se utiliza para describir los desastres medioambientales suele alejar a las personas que los sufren. La jerga técnica puede convertirse en una barrera que excluye a las comunidades locales del proceso de toma de decisiones.
Nuestra colaboración buscaba derribar esos muros. Al formar a personas traductoras, intérpretes y líderes comunitarios en el vocabulario de la biorremediación, garantizamos que una agricultora en Palestina, un jardinero en el Líbano o una organizadora comunitaria en la RDC puedan acceder a la información que necesitan para sanar su tierra.
Damos las gracias a Leila Darwish, por compartir sus profundos conocimientos como formadora, a la coordinadora del curso de praxis, George McAllister,por su paciencia y generosidad, al UVM IFApor su inestimable apoyo, al equipo de intérpretes y organizadores voluntarios de Language for Justice que puso estos conocimientos al alcance de los 45 participantes y de todas las personas que puedan acceder a ellos a través de las grabaciones.
La tierra se cura sola. Solo tenemos que aprender a pedirle que empiece.







