


Fotograma de vídeo obtenido del Instagram de Leyla.
Algunas personas dejan mucho más que su trabajo. Dejan una forma de ver el mundo, una forma de unir a las personas y una forma de hacer sentir a los demás que sus voces importan. Leyla Noriega es una de esas personas.
Leyla fue una periodista aymara, comunicadora comunitaria, activista, madre y defensora de los territorios andinos que llamaba hogar. De Arica y Belén, entendía el periodismo no simplemente como una profesión, sino como una forma de servicio y de conexión. Su trabajo nacía de las personas, el territorio, la memoria, la cultura, y de la convicción de que la comunicación puede ayudar a las comunidades a organizarse, defenderse e imaginar futuros distintos.
Como cofundadora y codirectora de Radio AYNI, una iniciativa colectiva, Leyla construyó un espacio donde todo eso se encontraba. Desde la radio, y desde su trabajo de comunicación en general, amplificaba voces indígenas, cubría luchas de derechos humanos y ambientales, apoyaba la revitalización de la lengua y la cultura aymara, y conectaba historias locales con movimientos más amplios por la justicia. Su proyecto Mujeres de Pueblos Originarios y Memorias, por ejemplo, lleva a los medios comunitarios las historias y memorias de mujeres indígenas de Arica y Parinacota. Leyla era responsable de los guiones, entrevistas y narración del proyecto.
AYNI, un concepto asociado a la reciprocidad y el apoyo mutuo, no es simplemente el nombre de la radio. Resume algo esencial en la manera en que Leyla y sus compañeros colaboraban: con otros, para otros, y siempre desde el sentido de comunidad. El propio lema de Radio AYNI, «Hacemos radio, hacemos AYNI», refleja ese espíritu. Su trabajo pone en el centro a los pueblos indígenas, las comunidades, los territorios y las identidades diversas, desde una comunicación basada en los derechos humanos y la libertad de expresión.
Su activismo era inseparable del territorio. Leyla entendía que defender la tierra y el agua es también defender la cultura, la memoria, la identidad y el derecho de las comunidades indígenas a decidir qué ocurre en sus propios hogares. Su vínculo con Belén y el territorio andino que la rodeaba no era un compromiso ambiental abstracto. Era algo personal, vivido, profundamente arraigado en la gente que tenía cerca. Su trabajo con la resistencia de la comunidad de Belén frente a la minería es un ejemplo de esa conexión.
Eso es parte de lo que hace que All We Have Is Us sea tan significativo. Dirigido por Aline Juárez y Juan Francisco Donoso, el documental reúne historias de comunidades que enfrentan proyectos extractivos y defienden sus territorios.
El camino hasta la película empezó con una red de conexiones mucho más amplia. El equipo de dirección llegó a Leyla gracias a Ramón Balcázar, el otro protagonista del documental, cuyo trabajo se centra en la defensa de los humedales andinos. Él fue también quien ayudó a unir las luchas de Chile y Serbia a través de la red Sí a la vida, no a la minería. Leyla recibió después a Aline y Juan en su casa de Belén y les confió la historia de su comunidad.
El equipo detrás de la película contó más tarde cómo fue tomando forma la historia. Lo que encontraron no fue simplemente resistencia, sino pertenencia, vínculos y la determinación de proteger una forma de vida.
En OGA, tuvimos el honor de contribuir al documental a través de Language for Justice, nuestra iniciativa que conecta a profesionales del lenguaje con proyectos de impacto social. Esta colaboración fue mucho más que llevar la película a distintos idiomas. Se trató de ayudar a que la voz de Leyla, y las voces de las comunidades que aparecen en la película, cruzaran fronteras sin dejar atrás a las personas y los lugares que dan sentido a sus historias.
Ese trabajo fue posible gracias a un grupo extraordinario de lingüistas voluntarios que regalaron su tiempo y su conocimiento con tanta generosidad:
Alex Popa (inglés), Natalia Estrada (español), Jana Groeger (alemán), Belkiss Issufo (portugués), Gaëlle Durbuis (francés), Claudia Calsin Pacompia (quechua), y el trío serbio, Miona Janković, Marija Cvijetić y Jelena Adamović, quienes aportaron traducción, subtitulación y SDH.
Profunda gratitud hacia cada una de estas personas, así como a Aline y Juan por confiar esta parte del camino, y a Formando Rutas, Red Leaves Films, y a quienes ayudaron a hacer posible la película.
Leyla falleció el 29 de diciembre de 2025. Cuesta escribir sobre ella sin sentir el peso de esa frase, pero no es ahí donde vive su historia. La vida de Leyla estuvo hecha de movimiento, vínculos, ideas, trabajo, risas, lucha y amor. Fue madre de Elías, hija de Ube y Manuel, colega y amiga, comunicadora, y una mujer que puso sus capacidades al servicio de su comunidad. Los homenajes a su vida y su trabajo siguen mostrando el impacto que tuvo en la comunicación comunitaria y en quienes la rodeaban.
Lo que construyó sigue vivo en las personas a las que acompañó y dio voz, en el territorio que defendió, y en el documental que ahora lleva su historia a públicos que quizá nunca llegó a conocer. Sigue vivo en Elías y en su familia, en su comunidad, y en todas las personas a las que su nombre aún llega. El trabajo de Radio AYNI, incluido su proyecto Mujeres de Pueblos Originarios y Memorias, sigue formando parte de ese legado.
Por eso también importa tanto la justicia lingüística. Una historia no deja de pertenecer a una comunidad por cruzar una frontera. Tiene que poder viajar sin perder su contexto, su dignidad, ni las voces de quienes la vivieron. La traducción, la subtitulación y la interpretaciónabren esos caminos: permiten que las historias lleguen a nuevos públicos sin desprenderse de dónde vienen.
Gratitud a Leyla por confiar esta historia, y por la oportunidad de ayudarla a viajar. Gratitud también a quienes siguen llevando hacia adelante su trabajo, sus valores y su memoria.
La voz de Leyla sigue resonando. Y ayudar a llevarla es un honor.
Nota: Este texto forma parte de OGA Voces, una serie que comparte historias, perspectivas y reflexiones sobre las personas y comunidades con las que trabajamos. Fue escrito como homenaje a Leyla Noriega y se basa en fuentes públicas y en nuestra colaboración y experiencia trabajando con la película All We Have Is Us.








