Este artículo forma parte de la serie OGA Vozes, que rinde homenaje a activistas de la Mayoría Global cuyas palabras y labor inspiran la liberación colectiva.
Hay una pregunta que Geni Núñez nos invita a plantearnos una y otra vez: ¿qué ha hecho la colonialidad con nuestra capacidad de amar?
Psicóloga, escritora y activista indígena guaraní, Geni es doctora en Ciencias Humanas por la Universidad Federal de Santa Catarina y autora de libros como Descolonizando los afectos: experimentaciones sobre otras formas de amar y Felices por ahora: escritos sobre otros mundos posibles. Ella nos ayuda a comprender que la forma en que amamos no es neutra. Lleva la huella de un proyecto colonial que nos enseñó que el único amor verdadero es monógamo, cristiano y heterosexual.
Para Geni, la violencia de la colonialidad no se limitó a los territorios. Se coló en nuestras camas, en nuestros corazones y en nuestra concepción de la felicidad.
¿Qué son los monocultivos de los afectos?
Geni denomina monoculturas a la imposición de una única forma de existir. Para ella, la colonialidad actúa al menos en tres frentes afectivos:
- Monocultura de los afectos: la monogamia como única forma legítima de amar.
- Monocultura de la fe: el monoteísmo cristiano como única verdad espiritual.
- Monocultura de la sexualidad: el monosexismo (la idea de que hay que elegir un bando) como única forma válida de sentir deseo.
«En esas monoculturas, solo un dios sería verdadero, solo un amor sería legítimo, solo una sexualidad podría elegirse» — Geni Núñez.
No es casualidad que estas tres cosas se hayan impuesto juntas. Es el mismo sistema que ha talado bosques, ha diezmado pueblos y nos ha enseñado que la diversidad es una amenaza, no una riqueza.
Etnogenocidio: cuando el cuerpo y los afectos son atacados al mismo tiempo
En su investigación doctoral, Geni propuso el concepto de etnocidio para demostrar que no es posible separar el exterminio físico del borrado cultural y afectivo. No hay genocidio sin etnocidio.
Esto significa que la violencia colonial no se limita a los disparos, el hambre y la tierra robada. Es también el desaprendizaje del amor comunitario, la vergüenza de la poligamia, el miedo al poliamor, la patologización de los celos. Es la soledad de quien ama de forma diferente en un mundo que solo reconoce una forma de cuidar.
Para Geni, esa violencia se manifiesta en el Estado, en la policía, en la obstetricia e incluso en nuestro lenguaje. Y la respuesta no puede limitarse a «incluir más» en un sistema que no funciona. Debe ser antirracista, feminista y anticolonial al mismo tiempo.
Como escribió en el prólogo de El desafío poliamoroso, de Brigitte Vasallo:
«No se trata de aislar el número en sí mismo; no hay una cualidad intrínseca en lo único ni un descrédito inherente en lo múltiple. Lo que nos invita a reflexionar es la calidad de nuestros vínculos con las personas: tiene mucho más que ver con el «cómo» que con el «cuánto».»
Reforestar el imaginario
La propuesta de Geni no es crear una nueva norma («todo el mundo tiene que ser no monógamo»). Se trata de abrir un espacio para que la multiplicidad exista. Ella habla de reforestar el imaginario: recuperar la idea de que podemos tener relaciones de calidad sin jerarquías, donde la amistad no ocupa un «segundo lugar» y el cuidado no exige posesión.
Geni también nos recuerda que, dentro de la lógica monógama, solo la relación de pareja cuenta como «verdadera compañía». Una persona soltera estaría «sola» aunque estuviera rodeada de amistades y afectos. Esta jerarquía de los afectos subordina vínculos fundamentales para nuestra supervivencia, especialmente para las mujeres, las personas negras/racializadas y las indígenas, que siempre han dependido de las redes comunitarias para existir.
Para los pueblos originarios, ningún ser es superior a otro. Geni nos invita a comprender que el aire que respiramos es compañía, el agua que sacia nuestra sed es amiga, el alimento que nos nutre es íntimo. Si nos tomamos esto en serio, el amor deja de ser posesión y se convierte en cuidado compartido.
¿Por qué Geni Núñez es una Voz OGA?
Geni Núñez es una Voz OGA porque expresa una verdad incómoda que pocas personas quieren afrontar: la colonialidad nos hiere el corazón tanto como hiere nuestra tierra. Y la liberación no vendrá de una «inclusión» bien educada, sino del rechazo del falso dilema, del valor de decir que la vida es multiplicidad, y que el amor también puede serlo.
Nos recuerda que el mundo que queremos construir no es solo político y económico. También es afectivo. Y que decolonizar los afectos es, en el fondo, un ejercicio de reforestación del imaginario: abrir espacio a otras formas de amar, de cuidar, de existir.
Este artículo forma parte de la serie OGA Vozes. Para leer más reflexiones sobre los movimientos que construyen un mundo diferente, echa un vistazo a nuestra cobertura continua aquí.
Para seguir profundizando
- 📖 Descolonizando los afectos: experimentos sobre otras formas de amar— Geni Núñez
- 📖 Felices por ahora: escritos sobre otros mundos posibles — Geni Núñez
- 📖 El desafío del poliamor— Brigitte Vasallo (con prólogo de Geni Núñez)
- 🎙️ Entrevista con Geni Núñez en CBN: No monogamia: el deseo del otro no es información sobre mí
Lea también en OGA:
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